En los Estados Unidos, casi el 10% de la población infantil padece asma, una afección cuyas tasas son significativamente mayores en las zonas urbanas del país. Sin embargo, en una comunidad a las afueras de Atlanta con una población de más de 300 niños y niñas, no se ha registrado un solo caso de esta enfermedad. Esto obedece al diseño. La mayoría de las ciudades y vecindarios del país no están diseñados con la biología humana en mente, una omisión que contribuye a la creciente prevalencia de enfermedades cardiovasculares y trastornos de salud mental. ¿Estaremos tratando las afecciones crónicas como problemas puramente médicos, cuando en realidad podrían ser síntomas de un mal diseño?