
Con poco más de diez millones de habitantes y prácticamente dos tercios de su población viviendo en ciudades y áreas urbanizadas, Portugal sigue siendo, hoy en día, uno de los países más rurales de Europa. Buena parte de la población se distribuye a lo largo de la costa del Océano Atlántico, concentrándose sobre todo en Lisboa y Oporto, que reúnen a casi la mitad de las personas que residen en el país, lo que da como resultado una gran franja interior de baja densidad y con un carácter predominantemente rural.
A pesar de la baja densidad y de la atmósfera campestre, estas regiones no carecen de arquitectura de calidad. Es posible encontrar innumerables ejemplos de obras —sobre todo residenciales— que merecen atención por la forma en que se insertan en el paisaje, resignifican antiguas estructuras o rinden homenaje a las técnicas vernáculas locales. A continuación, 15 casas de campo que son ejemplo de ello:






















