
El panorama de las ciudades brasileñas oscila entre dos realidades muy marcadas: por un lado, la ciudad formal, donde la ley está vigente, donde se ejerce el derecho a la ciudad y donde existen infraestructuras de calidad e inversiones públicas y privadas. Es también la realidad que sirve de base para la formulación de leyes y directrices de planificación urbana, y donde se hace patente la presencia del Estado.
Por el otro, la ciudad informal. Aquela que ocupa las periferias y favelas, con una identidad marcada por bloques cerámicos y una densidad desmedida. En ella, lo que predomina es la autoconstrucción —independiente de la propiedad del terreno—, la ocupación irregular y la falta de políticas públicas e infraestructuras básicas. Faltan espacios de recreación, cultura y áreas verdes.

