
Este artículo fue publicado originalmente en Metropolis Magazine como "Opinión: No podemos seguir enseñando la misma historia de la arquitectura de antes."
Los/las estudiantes de arquitectura de mi generación —los últimos de la generación baby boomer, que iniciamos la universidad en Europa o en América a finales de la década de 1970— teníamos muchas buenas razones para valorar la historia de la arquitectura. En ese momento, todo el mundo parecía estar de acuerdo en que el proyecto modernista estaba fracasando estrepitosamente. Los monstruos del modernismo tardío causaban estragos en ciudades y territorios de todo el mundo, y la reacción más inmediata e instintiva contra lo que muchos consideraban una catástrofe en curso fue intentar recuperar todo lo que el alto modernismo del siglo XX había expulsado de la cultura del diseño: para empezar, la historia. Dibujé mi primer capitel dórico hacia 1979 en un taller de diseño, no en una clase de historia (y mi tutor me ordenó de inmediato que lo raspara, lo cual hice).





