
Las figuras humanas cobran protagonismo frente a los edificios y las calles a través de la lente del fotógrafo Carlos Moreira, de 82 años. El espacio urbano aparece retratado a partir de encuadres, sugeridos no solo por los monumentos históricos (que están allí), sino sobre todo por el cuerpo y sus acciones. De allí emerge una visión emocional y viva de las ciudades, capaz de provocar una expansión sensorial de los retratos de los espacios.

