En La poética del espacio, el filósofo francés Gaston Bachelard propone interpretar la arquitectura como una experiencia vivida, donde cada ambiente posee una carga emocional y simbólica. Al reflexionar sobre la casa, otorga especial importancia a los umbrales (ventanas, puertas, escaleras, desvanes, sótanos) como zonas de transición y ruptura entre lo íntimo y lo abierto, lo conocido y lo desconocido. Para él, la ventana no es una mera apertura funcional, sino un punto de ensoñación y contemplación: a través de ella, quien habita se proyecta hacia el mundo. Esta perspectiva inspira una aproximación sensible al quehacer arquitectónico, en la cual los límites no se reducen a la separación, sino que articulan la imaginación, la memoria y el deseo.
Con cada una de las más de 23,000 respiraciones que realizamos al día, el aire viaja a través del sistema respiratorio hacia los pulmones, donde ocurre un intercambio de gases vital: se absorbe oxígeno y se expulsa dióxido de carbono. Este acto involuntario y esencial desencadena además otro proceso, menos visible pero profundamente impactante—nuestra percepción del olfato. A medida que el aire pasa por la cavidad nasal, las moléculas de olor entran en contacto con los receptores olfativos ubicados en el epitelio olfativo. Estos receptores envían señales directamente al bulbo olfativo, que forma parte del sistema límbico—el área del cerebro vinculada a la memoria y las emociones—. Lejos de ser un sentido secundario, el olfato actúa como un puente directo entre el entorno y nuestras respuestas emocionales más profundas. Los aromas poseen un poder único para evocar recuerdos vívidos, provocar confort o una aversión inmediata, e influir en nuestro estado de ánimo de manera casi instantánea.
Paradójicamente, el baño suele ser tanto el espacio más compacto de la vivienda como el de mayor complejidad técnica: allí convergen la electricidad, las redes de agua fría y caliente, el alcantarillado, la ventilación y, a menudo, el gas. Por ende, su diseño debe optimizarse para albergar tuberías, válvulas, desagües y conexiones sin comprometer la estética ni la funcionalidad. La distribución estratégica de los puntos de plomería, accesorios, armarios e iluminación debe orientarse a lograr un espacio eficiente y funcional, transformando idealmente estas áreas típicamente reducidas en santuarios cómodos y visualmente atractivos. Cada decisión cuenta —desde la selección del producto hasta la altura de instalación del plato de ducha—.
En el pasado, las imágenes generadas por IA solían parecerse a experiencias psicodélicas, llenas de colores y formas extrañas y, a veces, perturbadoras. Sin embargo, los avances recientes en la inteligencia artificial han transformado ese panorama. Hoy en día estamos rodeados de imágenes cuyo origen suele ser desconocido. Desde combinaciones lúdicas hasta retratos convertidos en obras de arte, es innegable que la Inteligencia Artificial se ha convertido en una parte permanente de nuestro paisaje visual. Como señaló Yuval Noah Harari en una entrevista de 2023 con The Economist: "La IA ha adquirido una capacidad extraordinaria para manipular y generar lenguaje, ya sea a través de palabras, sonidos o imágenes. En efecto, ha hackeado el sistema operativo de nuestra civilización".
La arquitectura, como es natural, no ha sido inmune a este fenómeno. Los generadores de imágenes basados en *prompts* han inundado el entorno virtual con renderizados que van desde lo surrealista hasta lo hiperrealista: ciudades futuristas, rascacielos orgánicos y cabañas utópicas suspendidas en acantilados idílicos. En su mayoría, estas imágenes se crean con herramientas de uso general que priorizan la novedad visual por sobre la lógica del diseño. No obstante, no todas las plataformas siguen este camino. Gendo, por ejemplo, fue desarrollada específicamente para profesionales de la arquitectura y el diseño, ofreciendo un control más preciso sobre parámetros como la escala, la materialidad y la intención espacial. Su objetivo no es simplemente generar imágenes, sino respaldar el pensamiento de diseño. Aun así, estas herramientas más intencionadas siguen siendo excepciones en un vasto océano de imágenes genéricas y descontextualizadas.
Siguiendo una tendencia más amplia en los espacios arquitectónicos, los baños han evolucionado de cumplir funciones estrictamente utilitarias a convertirse en entornos integrados con sistemas inteligentes, donde se consideran parámetros físicos, cognitivos y sensoriales en el desarrollo de soluciones espaciales. Sin embargo, siempre es importante recordar que la tecnología de vanguardia no siempre garantiza una mejor experiencia. Si bien la automatización de gama alta y los controles digitales ofrecen capacidades impresionantes, a menudo son las características sutiles y fáciles de usar —aquellas que se sienten intuitivas en lugar de intrusivas— las que dejan una impresión duradera. Estas son las innovaciones silenciosas que elevan las rutinas diarias sin complejizarlas en exceso. La adopción de la ergonomía centrada en la persona usuaria —un enfoque de diseño que toma las necesidades y limitaciones humanas como punto de partida— ha guiado la creación de componentes que responden de manera adaptativa a la presencia, el comportamiento y las preferencias de las personas. Tecnologías como inodoros con funciones automatizadas, griferías activadas por proximidad, cisternas empotradas y controles de temperatura intuitivos no solo mejoran el confort y la accesibilidad, sino que también contribuyen a una gestión más eficiente de los recursos hídricos y energéticos.
El trabajo siempre ha evolucionado, adaptándose a las herramientas, las tecnologías y las estructuras sociales de cada época. En las primeras sociedades humanas, la supervivencia básica era el motor del trabajo, y los cazadores-recolectores se dividían las tareas esenciales para satisfacer sus necesidades elementales. La Revolución Agrícola marcó un punto de inflexión, introduciendo asentamientos permanentes y la especialización, lo que dio lugar a la división del trabajo en las civilizaciones antiguas. Con el paso del tiempo, la Edad Media fue testigo del auge del sistema feudal, mientras que el comercio y los gremios sentaron las bases para una transformación monumental: la Revolución Industrial. Esta era transformó el trabajo, pasando de una producción artesanal y doméstica a sistemas fabriles centralizados y a gran escala.
Antes de la industrialización, muchos proveedores de servicios trabajaban desde sus hogares. Sin embargo, a medida que las fábricas crecieron, la fuerza de trabajo se centralizó, transformando la relación entre el personal y el lugar de trabajo. El auge del sector de servicios y de las corporaciones modernas dio origen a espacios de oficina que a menudo eran rígidos y compartimentados, como los emblemáticos cubículos del siglo XX. Hoy en día, a medida que el trabajo se vuelve cada vez más digital y descentralizado, las oficinas se están transformando una vez más. Las distribuciones abiertas, las zonas especializadas y las cabinas modulares están reemplazando las configuraciones estáticas, promoviendo la flexibilidad, la concentración, la colaboración y el bienestar. No obstante, ¿cómo responden las innovaciones en los espacios de trabajo modernos a las demandas de los/las profesionales de hoy?
En un escenario donde la sostenibilidad y la identidad material se convierten en prioridades en la arquitectura, algunos materiales antiguos encuentran nueva vida. El terrazo, cuyos orígenes se remontan al siglo XV, destaca como un ejemplo de cómo la tradición puede impulsar la innovación. La forma moderna tal como la conocemos hoy se originó en Venecia, Italia, en el siglo XV, cuando los trabajadores del mosaico veneciano, buscando aprovechar el mármol sobrante, comenzaron a incorporar estas piezas de gran tamaño en el mortero para crear superficies duraderas y visualmente atractivas para las terrazas alrededor de sus casas. Además de minimizar el desperdicio de materias primas, esto condujo al desarrollo de nuevas técnicas para nivelar superficies, evolucionando desde la fricción manual de piedras hasta el uso de una piedra de afilar pesada y de mango largo conocida como galera.
El papel de la cocina ha experimentado una transformación notable: ha pasado de ser un espacio puramente funcional a convertirse en el núcleo central del hogar, donde la creatividad florece y se generan conexiones significativas. Esta transición está estrechamente vinculada a la creciente popularidad de la cocina como pasatiempo, impulsada por el auge de los programas de televisión y canales dedicados a la gastronomía. A su vez, refleja un movimiento cultural más amplio hacia la autenticidad en un mundo cada vez más digital, sirviendo como contrapeso al ritmo acelerado de la vida moderna y promoviendo un estilo de vida más pausado y consciente, a menudo denominado "slow living".
Esta tendencia también se alinea con una creciente atención a la salud y el bienestar, así como con una renovada valoración de la naturaleza y el patrimonio cultural. Hoy en día, la cocina es mucho más que un lugar para preparar alimentos: es el espacio donde las familias se reúnen, las amistades se conectan y las habilidades culinarias se perfeccionan y celebran. No obstante, incluso una actividad tan elemental y práctica como la cocina puede transformarse gracias a la tecnología. Más allá de los utensilios y electrodomésticos tradicionales que simplifican diversos procesos, la inteligencia artificial está emergiendo como una aliada poderosa en la cocina moderna.
Generative AI (Gemini / Google DeepMind). Concept: Eduardo Souza / ArchDaily
El término "prefabricado" es capaz de evocar imágenes de construcción estandarizada e invariable, que recuerda a la arquitectura utilitaria y repetitiva del período de posguerra, donde la urgencia de viviendas rápidas y económicas llevó a la creación de unidades uniformes y a menudo monótonas. Sin embargo, la realidad contemporánea es muy diferente. A medida que avanzan las tecnologías y los métodos de construcción, la prefabricación ha evolucionado hasta convertirse en sinónimo de innovación, adaptabilidad y diseño personalizado. Hoy, esta técnica permite crear espacios multifuncionales y flexibles, que responden no sólo a necesidades prácticas, sino también a las exigencias estéticas y sostenibles de la arquitectura moderna, con la integración de materiales de última generación y la inclusión de nuevas tecnologías, atendiendo a las demandas contemporáneas de personalización y adaptabilidad.
Mediante la manipulación creativa de materiales de construcción comunes y la exploración de elementos como la forma, la luz, la textura y el espacio, la arquitectura trasciende la mera funcionalidad para convertirse en una expresión artística. Ya sea mediante la audacia de un diseño innovador, la armonía de unas proporciones equilibradas o el uso evocador de los materiales, un edificio puede transformarse en una obra de arte que inspira, intriga y evoca emociones. El diseño del restaurante de sushi Ginza 41, concebido por la arquitecta Àfrica Sabé, ejemplifica este enfoque. Su fachada destaca en su entorno gracias a las soluciones proporcionadas por Kriskadecor, empresa especializada en revestimientos metálicos a la medida. Al utilizar un sistema de fachada de cadenas tensadas que exhibe un diseño singular, el proyecto redefine la integración entre arquitectura e identidad visual de marca.
Las piscinas siempre han sido un símbolo de lujo, ocio e interacción social. Más allá de su atractivo estético —donde el agua danza entre texturas, movimientos y reflejos—, también cumplen propósitos funcionales al brindar relajación, ejercicio y entretenimiento. Su historia se remonta a más de 5,000 años, con el Gran Baño de Mohenjo-Daro en el valle del Indo (en el actual Pakistán), el cual posiblemente se utilizaba para rituales y prácticas comunitarias. Más tarde, los griegos y los romanos perfeccionaron este concepto al crear elaboradas piscinas para el baño, el deporte y las reuniones sociales. Las famosas termas romanas, a menudo climatizadas y decoradas con intrincados mosaicos, sentaron las bases de la cultura moderna del spa y el bienestar, reforzando la relación entre la arquitectura, el agua y la calidad de vida.
Durante el Renacimiento, las piscinas se asociaban principalmente con las propiedades de la élite; sin embargo, hacia finales del siglo XIX y principios del XX, las piscinas públicas comenzaron a popularizarse, impulsadas por la urbanización y la promoción de la higiene. El auge de las competencias olímpicas de natación a principios de la década de 1900 impulsó aún más este concepto, lo que derivó en un incremento en la construcción de piscinas tanto privadas como de competencia en todo el mundo. En la actualidad, las piscinas continúan evolucionando mediante la incorporación de materiales y de diseños avanzados que mejoran la seguridad y la sostenibilidad. Ya sea por recreación, estética o bienestar, las piscinas siguen siendo un elemento central de la arquitectura y el estilo de vida contemporáneos.
A veces las soluciones más simples son las más revolucionarias e impactantes. Durante la crisis energética en Brasil en 2002, el mecánico Alfredo Moser desarrolló una forma asequible y eficaz de iluminar ambientes interiores durante el día. Utilizando tan solo una botella de PET instalada en el techo, llena de agua y lavandina, aprovechó la refracción de la luz solar para llevar luz a espacios hasta entonces inmersos en la oscuridad. En viviendas autoconstruidas, donde los sucesivos anexos a menudo comprometen la entrada de luz natural y ventilación, esta solución marca la diferencia. Denominada "lámpara de Moser", el invento genera una iluminación equivalente a una lámpara de 60W y se ha difundido por todo el mundo a través de diversos informes. Desde entonces, el proyecto ha seguido evolucionando y adaptándose a las necesidades de las comunidades actuales, transformando vidas a través de una solución tan simple como altamente inteligente.
La arquitectura va más allá de su función fundamental de definir espacios y brindar protección; da forma a la experiencia de las personas, influyendo en las sensaciones de confort, amplitud y bienestar. Entre los múltiples elementos que componen un edificio, las aberturas juegan un papel crucial al conectar el interior y el exterior, equilibrando la privacidad con la transparencia, y permitiendo el ingreso de luz natural y ventilación. En especial, la luz natural transforma los ambientes, define atmósferas y realza los detalles arquitectónicos, haciendo que los espacios sean más dinámicos y acogedores.
Las ventanas, que alguna vez fueron simples aberturas en los muros, han evolucionado gracias a los avances en materiales y tecnología, maximizando la eficiencia y expandiendo su papel en el diseño arquitectónico. Si bien la arquitectura gótica exhibió acristalamientos maravillosos a través de imponentes vitrales, la arquitectura moderna se inclinó hacia formas horizontales y fachadas completamente acristaladas, transformando la manera en que la luz natural se integra en los espacios. Sin embargo, depender únicamente del acristalamiento de la fachada presenta una limitación: la luz natural suele quedar confinada al perímetro del edificio, dejando las áreas centrales en la sombra. Las aberturas cenitales, como las claraboyas y las ventanas para techos planos, superan este desafío al canalizar la luz del día hacia lo profundo de los espacios interiores, reduciendo la dependencia de la iluminación artificial.
En el sector de la construcción, la búsqueda de ahorros inmediatos durante la fase de diseño o edificación —ya sea mediante la contratación de profesionales menos calificados, el uso de materiales de baja calidad o la modificación de sistemas constructivos sin respaldo técnico— puede provocar pérdidas financieras y retrabajos futuros, comprometiendo el rendimiento y la durabilidad de una obra. La Biblioteca de Franklin Township en Somerset, Nueva Jersey, es un claro ejemplo de las consecuencias de elegir materiales inadecuados, sobre todo en lo que respecta a la eficiencia energética y la huella de carbono.
Durante su construcción en 2005, los paneles translúcidos de polímero reforzado con fibra de vidrio (FRP) de Kalwall especificados originalmente se sustituyeron por paneles de policarbonato en la cubierta con el fin de obtener un ahorro inicial de $90,000. Esta decisión, aparentemente inofensiva, no tardó en resultar problemática, lo que se tradujo en importantes desafíos operativos.
Hoy en día, la arquitectura y el diseño no se limitan a la expansión urbana o al diseño puramente espacial; por el contrario, implican la integración de diversos elementos e ideologías que enriquecen tanto el trabajo como el entorno. Es aquí donde cobra relevancia el "FOAID- Festival of Architecture and Interior Designing", que celebra una trayectoria de 11 años. Este encuentro lo reúne todo: desde arquitectos/as, diseñadores/as, marcas y artistas hasta innovadores/as tanto del ámbito nacional como internacional, todos congregados en una sola plataforma. Con más de 10.000 visitantes, el evento buscó dinamizar un mundo del diseño que, aunque interconectado, suele estar fragmentado, exhibiendo técnicas de diseño vanguardistas y celebrando el legado tanto de figuras consolidadas como de talentos emergentes en el gremio. Asimismo, se promovieron oportunidades de vinculación interdisciplinar que fortalecen el impacto de la comunidad arquitectónica en la sociedad. En colaboración con CNBC TV18, el evento tuvo una destacada presencia en Nueva Delhi los días 22 y 23 de noviembre en el predio de NSIC, y en Mumbai el 20 y 21 de diciembre en el Jio Conventional Center.
El Museo Judío de Berlín, diseñado por Daniel Libeskind, emplea la sinestesia para evocar sentimientos de desorientación, pérdida y memoria a través de geometría fragmentada, iluminación contrastante y selección de ciertos materiales. Inspirado en una estrella de David destrozada, el edificio guía a los visitantes a través de pasillos inclinados y estrechos, creando inestabilidad e incomodidad. La luz, ya sea filtrada a través de rendijas o casi totalmente ausente en ciertas áreas, refuerza la atmósfera opresiva. El hormigón crudo, con su textura fría y rígida, intensifica esta experiencia, mientras que el vacío resuena con ecos y silencio. En el espacio Shalekhet (Hojas caídas), placas de metal con forma de rostros emiten sonidos inquietantes cuando se pisan, creando una experiencia auditiva perturbadora. El museo trasciende su función como espacio de exhibición y se convierte en una experiencia arquitectónica inmersiva, donde la luz, el sonido, la textura y la forma se combinan para transmitir el dolor y el recuerdo del Holocausto.
El mundo observa el desarrollo de China con una mezcla de admiración, curiosidad y aprensión. Desde proyectos de infraestructura masivos (como plantas hidroeléctricas y una moderna red ferroviaria de alta velocidad) hasta el surgimiento de ciudades enteras construidas desde cero, el país exhibe una ambiciosa estrategia de crecimiento y una impresionante capacidad de ejecución. Sin embargo, este rápido progreso también trae consigo desafíos significativos y marcados contrastes. Por un lado, la modernidad se afirma en rascacielos futuristas y tecnología de vanguardia; por otro, sigue existiendo una necesidad apremiante de preservar el rico patrimonio cultural e histórico del país, reflejado en templos antiguos, palacios imperiales y ciudades históricas.
El rápido crecimiento urbano también ha traído consigo problemas como el hacinamiento, la contaminación ambiental, el aumento de la desigualdad social y la pérdida de tierras agrícolas. La urbanización a gran escala ha provocado la desaparición de pueblos tradicionales, la degradación ambiental y la homogeneización de la arquitectura y los estilos de vida en muchas ciudades chinas. Es en este contexto en el que Liu Jiakun, galardonado con el Premio Pritzker 2025, destaca por su planteamiento arquitectónico sutil pero profundamente transformador. Su obra responde a estos y otros retos de la sociedad china al tiempo que valora los materiales y las técnicas tradicionales, así como la creación de espacios comunitarios.
Las cubiertas metálicas tienen una larga historia que se remonta a las civilizaciones antiguas, con ejemplos tempranos en la arquitectura romana y bizantina, donde se utilizaban láminas de cobre y plomo por su durabilidad y resistencia a la intemperie. Durante el siglo XIX, los avances en la fabricación industrial propiciaron la adopción generalizada de las cubiertas de hierro corrugado y acero, que se popularizaron gracias a su resistencia, accesibilidad y facilidad de instalación. En la actualidad, los sistemas modernos de cubiertas metálicas emplean materiales como el aluminio, el acero galvanizado y el zinc, ofreciendo un rendimiento superior frente a condiciones climáticas extremas, resistencia al fuego y eficiencia energética. Estas superficies pueden diseñarse en diversos perfiles, como junta alzada (standing seam), ondulado y tejas metálicas, lo que permite flexibilidad estética e integridad estructural. Asimismo, los revestimientos reflectantes y las opciones de aislamiento contribuyen al ahorro de energía, convirtiendo a las cubiertas metálicas en una opción preferencial para soluciones constructivas sostenibles y duraderas.