
Transformar los edificios urbanos en plantas de energía limpia es una estrategia audaz y poderosa para combatir la crisis climática, reducir la dependencia de las redes centralizadas y promover ciudades más resilientes y sostenibles. Desde 2010, las ciudades han sido responsables de más del 75% del consumo mundial de electricidad, una demanda satisfecha históricamente por combustibles fósiles a medida que la urbanización ha ido en aumento desde la Revolución Industrial. A finales del siglo XIX, la energía hidroeléctrica comenzó a ganar relevancia como alternativa renovable. Sin embargo, con los rápidos avances de la tecnología solar, los edificios urbanos tienen ahora un potencial sin precedentes para convertirse en centros de energía autosuficientes.
















