
En Brasil, los problemas urbanos asociados al crecimiento urbano y a la pobreza —generados especialmente por la informalidad de la ocupación urbana y la precariedad de la infraestructura y los servicios urbanos— han demostrado ser un desafío insuperable para el poder público.
A pesar de los esfuerzos ya realizados, el acceso a la vivienda para la población de bajos ingresos ha sido posible, en gran medida, debido a la autoconstrucción de viviendas y a la no aplicación estricta de las normas urbanísticas de fraccionamiento, uso y ocupación del suelo.
