

Mi compromiso con los pabellones —con la idea de hacer locuras constructivas— está ligado a la necesidad de desarrollar prototipos y realizar investigaciones de construcción lejos de la práctica habitual de la arquitectura. Sin estar sujeto al encargo de un cliente, los pabellones me dan la oportunidad de desarrollar y probar diferentes metodologías, algo que siempre me ha interesado en la docencia. Son investigaciones sobre varios tipos de contexto que abordan escenarios urbanos y paisajes; se trata de cómo hacer algo en el espacio por sí mismo, cuando la idea base surge de una lectura del lugar. Los pabellones afinan mi relación con una situación específica, lo que me permite ver qué es lo esencial en términos de una acción o construcción. No tuve la idea de trabajar en serie, pero a medida que surgían diferentes oportunidades, el proceso de diseñarlos se volvía más orgánico, el lenguaje parecía cobrar sentido y, como una cosa reforzaba a la otra, terminaron por cobrar vida propia.