

Al caminar por las calles, nos encontramos con diversas formas, colores, texturas, sonidos y olores. Nuestros sentidos se activan y estos estímulos nos conectan con el lugar en el que nos encontramos. Las ciudades son, a menudo, sinónimo de humo, ruidos de motores y bocinas, tonos grises. La escasez de elementos naturales o construidos que transmitan una sensación de seguridad y confort, y que nos resulten estéticamente agradables, influye en que sigamos descontentos y frustrados en el entorno urbano. Estos sentimientos alimentan la falta de conexión entre las personas y los lugares, la falta de empatía hacia el otro y la falta de compromiso con lo público.









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