
La religión es una realidad exclusivamente humana como son las ciudades. A medida que salimos de nuestras espacios de confinamiento, las ciudades silenciosas y los lugares de culto volverán a ser humanos, frente al presente recuerdo de lo que alguna vez fueron.
Nos recuperaremos de otra realidad humana: la pandemia y cuando lo hagamos nos veremos obligados a abordar algunas interrogantes. Antes de este siglo, el automóvil era visto como la forma en que los estadounidenses podían crear una nueva realidad: una enorme clase media que podía controlar su vida utilizando la libertad que les daban los automóviles para ir a donde quisieran, cuando quisieran y para vivir donde quisieran. Antes del confinamiento, esa visión de lo que significaban los automóviles para nuestra cultura estaba cambiando, específicamente en las ciudades.
El transporte público –elemento vital de muchas ciudades–, es considerado un bien universal como la dirección inevitable que toda la humanidad debe seguir. La crisis climática significó que cuantas más personas viajaban juntas, se creaba menos carbono. Así que el transporte masivo fue una respuesta, hasta que su uso infectó a millones de personas con el coronavirus.
