
Ubicado en Fort Worth, Texas, el Museo de Arte Kimbell de Louis Kahn se ha convertido en una meca para todas aquellas personas interesadas en la arquitectura moderna. La luz natural constituye el núcleo de la propuesta, dando origen a espacios elegantes que se adaptan de manera ideal a la colección que albergan.

La forma distintiva de las bóvedas de cañón cicloides del Museo Kimbell está rematada por estrechos tragaluces de plexiglás, que permiten la entrada de luz natural en los espacios. Para difuminar esta luz, unos reflectores de aluminio perforado con forma de ala cuelgan debajo, iluminando las superficies lisas de la bóveda de concreto y propiciando condiciones lumínicas elegantes y cautivadoras para las obras de arte.

Tres crujías de 100 pies, cada una precedida por un pórtico con bóveda de cañón, conforman la fachada principal hacia el oeste, donde el ingreso central se destaca por su acristalamiento y por estar retranqueado respecto al resto del plano. El volumen del edificio se ve articulado por tres patios que favorecen una mayor entrada de luz, circulación de aire y relación entre los espacios interiores y exteriores.

A pesar de ser completamente moderno en sus detalles historicistas y en su ausencia de ornamentación, el diseño evoca la arquitectura romana a través de sus grandes arcos y bóvedas. Estas estructuras se hicieron posibles gracias al uso de concreto, travertino y roble blanco, los materiales fundamentales del proyecto. La mayoría de las salas de exhibición se ubican en la planta alta para captar la mayor cantidad de luz natural. Por su parte, los ductos de aire y los servicios mecánicos se localizan en los espacios donde los bordes de las bóvedas casi se encuentran.

Kay Kimbell y su esposa, Velma Fuller, crearon la Fundación de Arte Kimbell en 1935 como un instituto de arte consolidado. Al fallecer Kimbell en 1964, la pareja había reunido una de las mejores colecciones de grandes maestros, por lo que su patrimonio fue legado a la fundación con el propósito de construir un museo de primer nivel. Una "Declaración de Principios" redactada por el director de la fundación, Richard Brown, estableció pautas claras para que el nuevo edificio fuera concebido, en sí mismo, como una obra de arte.

Brown especificó que "la luz natural debía desempeñar un papel fundamental" en el diseño. Tras entrevistar a destacados arquitectos como Marcel Breuer, Mies van der Rohe, Pier Luigi Nervi, Gordon Bunshaft y Edward Larrabee Barnes, el encargo le fue otorgado a Kahn a finales de 1966. Ambos conformaron una dupla ideal, dado que Brown siempre había admirado el énfasis que Kahn ponía en el manejo de la luz natural.

El arquitecto Renzo Piano fue contratado para diseñar una ampliación del museo existente con el fin de aportar espacios de exhibición adicionales que también servirán como aulas y talleres.

El auditorio destaca por su calidad acústica y sus dimensiones considerables. Curiosamente, la mayoría de las personas ingresa al edificio por lo que Kahn consideraba el acceso trasero, orientado hacia el este. Con la nueva disposición propuesta, el volumen reciente y el estacionamiento bloquean el ingreso por esta vía, redirigiendo a los y las visitantes hacia la entrada originalmente prevista. El nuevo proyecto no está conectado físicamente con la obra de Kahn; no obstante, respeta su escala, planta y materialidad, al tiempo que explora un carácter más abierto y transparente.
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Arquitectos: Louis Kahn
- Año: 1972
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Fotografías:Zereshke, Andreas Praefcke





















