
Durante mucho tiempo se ha entendido la arquitectura como una disciplina creada por humanos y para humanos. Sin embargo, en We the Bacteria: Notes Toward Biotic Architecture, Beatriz Colomina y Mark Wigley desafían ese supuesto al argumentar que "los microbios inventaron la arquitectura". A partir de esta premisa se despliega una historia alternativa de la disciplina que desplaza el foco del excepcionalismo humano hacia los microorganismos que han moldeado la vida, los entornos y el mundo construido durante miles de millones de años.
El libro explora la idea de que la arquitectura no puede entenderse al margen de los mundos microbianos que la configuran, sugiriendo que "la arquitectura habita en los humanos tanto como los humanos habitan en la arquitectura". En lugar de ser objetos inertes, los edificios surgen como ecosistemas dinámicos que Colomina y Wigley llegan a describir como "un intestino expandido y compartido con otros", donde microbios, materiales, personas y un sinfín de otras formas de vida coexisten, intercambian y evolucionan continuamente.
Al revisar la historia de la arquitectura bajo esta óptica, We the Bacteria reconstruye cómo las epidemias, la higiene y las cambiantes nociones de la biología han influido profundamente en los espacios que construimos, desde los primeros asentamientos hasta el surgimiento de la arquitectura moderna. Como escriben en el libro, "los seres humanos, los patógenos microbianos y la arquitectura se modificaron mutuamente y han seguido coevolucionando durante milenios". El libro propone además una visión de futuro a través del concepto de arquitectura biótica, preguntándose en qué podría convertirse la arquitectura si adoptara la coexistencia en lugar de la exclusión. Según escriben Colomina y Wigley, "la idea misma de refugio pasa de excluir el peligro a incluirlo", lo que replantea la arquitectura como un espacio que fomenta las relaciones entre especies en vez de separarlas.
A raíz de esta publicación, ArchDaily conversó con Beatriz Colomina y Mark Wigley sobre las ideas centrales del libro, desde los microbios y la historia de la arquitectura hasta la coexistencia multiespecie y el futuro de la disciplina. En el centro de la conversación se encuentra una pregunta que recorre todo el libro: ¿ha sido la arquitectura alguna vez completamente humana? A continuación, la conversación completa.

El libro - We the Bacteria: Notes Toward Biotic Architecture
ArchDaily: ¿Cuál es el argumento central de We the Bacteria? ¿Cómo se ve la arquitectura cuando se observa desde la perspectiva de los microbios en lugar de la de los seres humanos?
Beatriz Colomina y Mark Wigley: Somos completamente bacterianos, al igual que los edificios, los materiales de los que están hechos y el mundo más amplio en el que se asientan.
Las bacterias son las verdaderas arquitectas, trabajadoras de la construcción, clientas y encargadas de mantenimiento. Son invisibles, pero producen todo lo que vemos. Incluso organizan cómo vemos, pensamos y sentimos. Si solo se pudieran ver los microbios, se obtendría la imagen de mayor resolución posible de la arquitectura.
En realidad, se parecería más a una película de infinitas transacciones dinámicas entre billones de billones de microbios interactuando entre sí. La arquitectura siempre está viva, es decir, se compone y descompone constantemente en todos sus espacios, materiales y tecnologías. La imagen de la arquitectura como un objeto estático, inmutable, insensible e inerte es ilusoria, y transmite la fantasía —tan humana— de trascender el mundo vivo. Sin embargo, esta ilusión ha tenido un efecto devastador en la biosfera, el espacio de toda la vida y sus sedimentos que ha envuelto al planeta durante unos 4.200 millones de años desde la aparición de las primeras bacterias.

AD: El libro propone una historia alternativa de la arquitectura a través de la perspectiva de los microbios. Al volver la vista a los momentos canónicos de la historia de la arquitectura, ¿qué fue lo que más les sorprendió al revisarlos bajo este lente?
BC & MW: Lo que más nos llama la atención es la rapidez con la que se olvidan los efectos devastadores de las enfermedades bacterianas, una y otra vez a lo largo de la historia, en una especie de amnesia colectiva, a pesar de que los edificios y las ciudades son moldeados y remodelados por los traumas de epidemias devastadoras. Esta amnesia se ve favorecida por los/las historiadores/as de la arquitectura, que nos ocultan el hecho de que la arquitectura moderna, por ejemplo, estuvo totalmente determinada por la batalla contra la tuberculosis, que llegó a matar a una de cada tres personas en las grandes ciudades. La arquitectura moderna se concebía a sí misma como un antibiótico. Cada detalle de los edificios modernos (las superficies blancas lisas, los grandes ventanales, las azoteas, etc.) se diseñó como una forma de resistencia a las bacterias. Los/las arquitectos/as modernos/as hablaban mucho de esto, llegando incluso a describirse como bacteriólogos/as, y sin embargo la historiografía de la arquitectura moderna lo pasa por alto.
En cierto modo, la historiografía ha desinfectado la arquitectura, limpiándola de sus microbios.

AD: A lo largo del libro muestran cómo las enfermedades han configurado repetidamente los edificios, las ciudades e incluso la propia teoría de la arquitectura. Desde Vitruvio hasta el modernismo, la arquitectura se ha desarrollado a menudo como respuesta a las amenazas microbianas. ¿Qué revela esta historia sobre la relación entre la arquitectura y la vida?
El entorno construido por el ser humano está moldeado por la enfermedad. No hay arquitectura sin enfermedad y, tal vez, no hay enfermedad sin arquitectura.
BC & MW: La salud ha estado inevitablemente en el centro de la teoría arquitectónica. La arquitectura y la medicina son inseparables. Sin embargo, los edificios han sido insalubres desde el principio. Contrarrestan un conjunto de amenazas para la vida solo para generar otras. Los primeros edificios habitados de forma permanente, hace 10.000 años, ya eran antibióticos. Estaban hechos de enlucido de cal, que es antibacterial y antifúngico, lo que establecía una separación profiláctica entre los seres humanos y la mayoría de los microbios, plantas, animales e insectos. No obstante, tras mudarse al interior, los seres humanos redujeron su estatura y acortaron su esperanza de vida. Enfermedades como la tuberculosis se convirtieron en epidemias por primera vez.
La arquitectura es un proyecto antibacterial que, de manera paradójica, fomenta el crecimiento de bacterias específicas, incluidos patógenos debilitantes y mortales. La arquitectura teme a la vida más allá de lo humano, pero fomenta y remodela activamente esa vida, incluidas las comunidades vivas de 100 billones de microbios que habitan dentro de cada ser humano.

AD: Describen la arquitectura como un proyecto antimicrobiano y analizan cómo los ideales de higiene, luz, ventilación e incluso el rechazo del ornamento se arraigaron en la arquitectura moderna. ¿De qué manera siguen influyendo estos supuestos en la práctica contemporánea y por qué deberían replantearse?
BC & MW: Todos los elementos antimicrobianos de la arquitectura moderna siguen vigentes hoy en día. De hecho, se han llevado al siguiente nivel con revestimientos antimicrobianos de nanopartículas que se utilizan en la mayoría de las superficies exteriores e interiores, muebles, herramientas y juguetes. Al igual que con cualquier otro tipo de antibiótico, abusamos de ellos de tal forma que ahora nos amenazan en lugar de protegernos. El contragolpe actual consiste en utilizar materiales que acojan una diversidad de microbios, estableciendo una mayor porosidad entre el interior y el exterior, y sobre todo en reconectarse con el suelo rico en microbios en el que la especie humana creció durante doscientos mil años, como una planta más.

Arquitectura transespecie
AD: Una de las ideas que más me llamó la atención es que "la arquitectura habita en los humanos tanto como los humanos habitan en la arquitectura". ¿Podrían profundizar en este concepto y explicar cómo cambia nuestra forma de pensar los edificios, los cuerpos y las ciudades?
BC & MW: Ocupar una habitación es absorber los microbios que viven en ella con cada respiración y cada contacto. La arquitectura está dentro de nosotros. Fluye a través de nosotros. La digerimos. Los edificios están siempre impregnados de microbios que ocupan cada espacio, superficie, conducto, capa, accesorio y material. La aparente solidez de cualquier superficie y la permanencia de cualquier ángulo quedan deshechas por la vertiginosa complejidad y movilidad de la vida que la rodea, la cubre y la habita. Cada habitante aporta continuamente especies de microbios a esta comunidad y las recibe de ella.
Habitar una habitación es permitir que este palpitante espacio microbiano colectivo nos habite.

AD: El libro sostiene que los edificios no son objetos inertes, sino entornos microbianos vivos. Si los/las arquitectos/as entendieran los edificios como ecosistemas en lugar de contenedores, ¿qué aspectos específicos de la práctica del diseño tendrían que cambiar?
BC & MW: Entender a los seres humanos como ecosistemas portátiles íntimamente entrelazados con los ecosistemas de los edificios ya implica replantear el diseño. La arquitectura podría aspirar a curar comunidades transespecie. Un modelo para esto es el sistema inmunitario. Antes se pensaba que nuestro sistema inmunitario mantenía las amenazas afuera. Hoy se comprende que un sistema inmunitario sano cura activamente las comunidades microbianas, invitando a las amenazas a entrar.
La multiplicidad de microbios "buenos" minimiza el efecto de los "malos". Del mismo modo, el diseño puede pasar de la idea de proteger la vida manteniendo las amenazas al exterior, a la de proteger la vida acogiendo aquello que la amenaza. Esto supone un cambio radical de paradigma. Sin él, las probabilidades de supervivencia de nuestra recién llegada especie no son muy altas.

AD: El concepto de "arquitectura biótica" es uno de los más sugerentes del libro. ¿Cómo definirían la arquitectura biótica y en qué se diferencia de conceptos como el diseño sostenible, regenerativo o centrado en el ser humano?
BC & MW: Nos cuidamos de no definirla. La arquitectura biótica no sería una sola cosa virtuosa. Lo peor de la arquitectura actual es que es un monocultivo. En todas partes los edificios se construyen más o menos de la misma manera. Biótico significa vida, la cual es múltiple, simbiótica, entrelazada, cambiante. El discurso sobre la sostenibilidad está totalmente centrado en el ser humano. El aparente cuidado del planeta no es más que el cuidado de la supervivencia humana. La biosfera sobrevivirá a cualquier nivel de devastación que nuestra especie invente. El diseño centrado en el ser humano es una idea terrible, tanto para las personas como para la mayoría de las demás especies.
Descentrar al ser humano es una tarea urgente.
Para nosotros esto no significa deshacerse de los seres humanos. Al contrario, implica adentrarse más profundamente en lo humano, abrazando los 100 billones de microbios de unas mil especies que bullen y huelen dentro de nosotros y que nos constituyen. O dicho al revés, el ser humano que ha estado en el centro del discurso arquitectónico al menos desde Vitruvio no es un ser humano sino una ficción, más inerte que cualquier edificio.

El futuro posible de la arquitectura
AD: Living materials, fungi, algae, and bacteria are increasingly entering architectural experimentation. Which of these developments do you believe have the greatest potential to fundamentally transform architecture?
BC & MW: Lo que importa es la diversidad de los experimentos y sus posibles interacciones, más que uno en particular. Hoy en día, los materiales, las técnicas, el mantenimiento y la conservación de los edificios se están transformando profundamente gracias a la colaboración activa con los microbios. El sector de la construcción evoluciona con rapidez, al igual que muchos/as diseñadores/as. Pensemos en el hormigón, el mayor emisor de carbono por sí solo. Paradójicamente, se degrada demasiado rápido y es reemplazado por aún más hormigón. Sintetizarlo con bacterias, o con bacterias en su interior que le permitan autorrepararse y durar más, es algo transformador. Conservar los edificios existentes inoculándolos con microbios para contrarrestar a los que causan su deterioro es ya una práctica habitual. Una nueva generación de diseñadores/as busca formas de utilizar bacterias y hongos para generar materiales de construcción, producir energía, capturar carbono, sanear el suelo y contribuir a la salud compartida de personas, plantas, mascotas e insectos. Esto no es un llamado nostálgico a una época anterior a la arquitectura. Es una reducción de la estupidez e implica un sentido diferente de la política en el que los derechos del entorno vivo se atienden como una responsabilidad continua, una pregunta que siempre debe formularse de distintas maneras en lugar de una respuesta formulada de antemano.

AD: Un tema recurrente en el libro es la necesidad de ir más allá del excepcionalismo humano. Si reconocemos que los edificios están configurados por alianzas complejas entre seres humanos, microbios, materiales y entornos, ¿cómo deberíamos replantearnos la agencia, la autoría y el rol del/de la arquitecto/a?
BC & MW: Como mínimo, significa pensar que los/las arquitectos/as siempre han estado involucrados/as en innumerables colaboraciones con otras disciplinas y con clientes más que humanos. Incluso la idea del/de la curador/a o del/de la jardinero/a implica simplemente una versión más suave del excepcionalismo.
Quizá sea mejor pensar en quienes ejercen la arquitectura como una especie que depende, al igual que todas las demás, de innumerables especies distintas, pero que también es capaz de contribuir al bienestar común y a la salud planetaria. Puede que esta contribución consista más en hacer preguntas que en responderlas.
Un papel clave de quienes ejercen la arquitectura, al igual que de los/las artistas, consiste en producir ciertos momentos de vacilación en la vida cotidiana que permitan ver las cosas de otra manera, pensarlas de otra manera y, tal vez, vivirlas de otra manera. Esta vacilación, que podría suscitar formas de vida diferentes, puede incluir pausas en los ritmos y flujos de una existencia que parece superar lo humano.

AD: Mirando hacia el futuro, ¿cuál creen que es la lección más importante que los/las arquitectos/as deberían aprender de la vida microbial? ¿Cuál es esa única lección de la vida microbial que debería formar parte de la educación en arquitectura?
BC & MW: Para nosotros no se trata de una única lección reflexiva. Como docentes, nos interesa mucho más generar una especie de hospitalidad hacia una multiplicidad de pensamientos inesperados por parte de las nuevas generaciones. Ver la arquitectura en términos microbianos equivale a desaprender gran parte de lo que se considera educación arquitectónica. Este libro ofrece una historia de 10.000 años de la arquitectura para ayudar a desaprender muchos de los dogmas de la disciplina y abrir así un espacio a la experimentación en el diseño y la teoría de la arquitectura. No intentamos dar una forma específica a esa urgente labor política del diseño.
La lección es que si los seres humanos somos microbianos —al igual que los espacios en los que vivimos, los materiales con los que construimos y el mundo en el que edificamos—, el futuro de la arquitectura, entendida como un mecanismo de supervivencia, es por supuesto microbiano.
Cedric Price solía decir que no sabía cuál era la pregunta, pero sabía que la respuesta era la tecnología. Nosotros no sabemos cuál es la pregunta, pero sabemos que la respuesta son los microbios.

Este artículo es parte del tema de ArchDaily: Arquitectura transespecie: La vida de los materiales, las alianzas ecológicas y la agencia de la naturaleza. Cada mes exploramos un tema en profundidad a través de artículos, entrevistas, noticias y obras de arquitectura. Te invitamos a conocer más sobre nuestros temas de ArchDaily. En ArchDaily agradecemos las contribuciones de nuestros lectores y lectoras; si quieres presentar un artículo o un proyecto, contáctanos.
Este artículo fue escrito por Christele Harrouk. La traducción fue realizada mediante IA.



















