
Como pilares de nuestro paisaje cultural, muchas obras maestras del Movimiento Moderno suelen ser demolidas, abandonadas o alteradas sin importar el contexto en el que se encuentren. Preservar este legado arquitectónico resalta el papel de los/las profesionales de la arquitectura y el diseño en la configuración de entornos construidos donde la continuidad entre el pasado y el presente refuerza el sentido de pertenencia de las comunidades. En Long Island, una coalición de defensores/as se unió para salvar la Casa A. Conger Goodyear, que data de 1938 y fue diseñada por Edward Durell Stone. Considerada uno de los ejemplos más notables del Estilo Internacional en los Estados Unidos, la casa atrajo una atención significativa durante la década de 1940, apareciendo en revistas especializadas, libros y publicaciones de divulgación.
Obras significativas de la arquitectura moderna se ven amenazadas a diario por el deterioro físico, la percepción de obsolescencia funcional o económica y la indiferencia pública. Paralelamente, las propias cualidades que las distinguen—como sus características de diseño innovadoras, sus materiales y sus tecnologías experimentales—suelen plantear desafíos únicos para su preservación. Desde mantener la autenticidad material hasta respetar la intención arquitectónica original, tanto profesionales como estudiantes de diseño están tomando la iniciativa para evaluar y desarrollar intervenciones que puedan demostrar y restaurar la relevancia de estas estructuras.
Inspirándose en obras como el Pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe, el arquitecto estadounidense Edward Durell Stone diseñó la Casa Goodyear en Old Westbury, una próspera comunidad en la costa norte de Long Island, en Nueva York. Caracterizada por su techo plano, planta libre, geometría abstracta y transparencia, la residencia de un solo nivel fue encargada por el empresario de la madera y coleccionista de arte Anson Conger Goodyear, quien también fue fundador y primer presidente del Museo de Arte Moderno (MoMA).




