
Durante mucho tiempo, la arquitectura se ha definido como la obra de visionarios singulares; sin embargo, Beatriz Colomina, destacada teórica, historiadora y curadora, desafía esta noción al sostener que la arquitectura es, por definición, un esfuerzo colaborativo. Colomina analiza de manera crítica cómo el mito del genio solitario —casi siempre representado como hombre— ha invisibilizado las contribuciones de innumerables mujeres y de equipos enteros involucrados en el proceso de diseño. Para ella, repensar la arquitectura implica reconocer la complejidad del trabajo colectivo y desmantelar los sesgos históricos que han dado forma a las narrativas de la disciplina.
Como directora fundadora del Programa de Medios y Modernidad de la Universidad de Princeton, Colomina también explora las profundas maneras en que la tecnología y los medios de comunicación reconfiguran nuestro entorno construido. En un mundo donde el trabajo remoto ha desdibujado los límites entre el espacio privado y el público, se cuestiona cómo debe adaptarse la arquitectura a las nuevas formas de vida y de trabajo, en particular en un contexto donde la cama reemplaza cada vez más a la oficina como espacio de trabajo principal.
En sus investigaciones ha explorado tanto el género como la colaboración en la arquitectura. ¿Cómo se cruzan estos dos temas y por qué es importante replantear la manera en que reconocemos las contribuciones en este campo?
