
La arquitectura de mercados contemporánea en México suele inspirarse en sus precedentes prehispánicos. El mercado de Tlatelolco en la antigua Tenochtitlan, por ejemplo, contaba con una gran plaza abierta pavimentada con piedra y "calles" delimitadas, las cuales se dividían en secciones para mercancías específicas, funcionando como un importante punto de encuentro para el intercambio social y económico. Asimismo, la tradición del tianguis, una tipología de mercado efímero dentro de la tradición mesoamericana en general, también organizaba sus puestos en pasillos dentro de una plaza pública, reflejando los principios de organización observados en Tlatelolco. Estos modelos históricos sentaron las bases para la tradición de los mercados en México y los países de Centroamérica, donde fusionan el espacio público con distribuciones estructuradas para el comercio. Hoy en día, aun cuando muchos de los espacios comerciales de México —en particular la Central de Abasto de la Ciudad de México y otros mercados como el de Jamaica, la Merced y San Juan— han adoptado un enfoque sedentario o permanente para abastecer a sus comunidades, los tianguis mantienen un arraigo profundo en la sociedad mexicana.
Los proyectos contemporáneos de mercados en México parecen retomar y reinterpretar estos principios tradicionales mediante diversas estrategias arquitectónicas. Uno de los enfoques principales consiste en integrar un espacio público central, a menudo mediante patios, para consolidar núcleos comunitarios que evocan la centralidad funcional y social de los mercados históricos. Del mismo modo, las plantas arquitectónicas suelen incorporar distribuciones con "pasillos" o "calles" que agrupan los puestos comerciales, lo que facilita una disposición organizada de los productos. Estas propuestas también priorizan la respuesta climática y la materialidad, con especial énfasis en la ventilación natural y la sombra, al tiempo que recurren al uso de materiales locales o tradicionales. Dichas decisiones reflejan estrategias arquitectónicas perdurables y esenciales para el correcto funcionamiento de los mercados al aire libre bajo el clima mexicano, evidenciando un diálogo constante entre las formas históricas y las necesidades contemporáneas.












