
A medida que el solsticio marca el día más corto del año en el hemisferio norte, también dirige la atención hacia algo con lo que la arquitectura ha dialogado durante mucho tiempo, pero que a menudo ha pasado por alto: el tiempo. Más allá de la forma o la función, los edificios y los espacios se ven continuamente moldeados por los ciclos de luz y oscuridad, los cambios estacionales y los ritmos ambientales que afectan la manera en que se habitan.
En los últimos años, un número creciente de proyectos arquitectónicos ha comenzado a trabajar explícitamente con estos ciclos. En lugar de diseñar espacios para que funcionen de una sola manera fija, los/as arquitectos/as están creando entornos que cambian a lo largo del día, las estaciones o en respuesta a fenómenos naturales como la trayectoria del sol, las fases lunares, los patrones del viento o los ritmos circadianos. Estos proyectos operan en diálogo con el tiempo, apareciendo, transformándose y activándose de manera diferente según las condiciones ambientales.
















