
Los espacios públicos son más que simples vacíos físicos en el tejido urbano; son escenarios para la interacción social, la expresión cultural y la memoria colectiva. En tiempos de fragmentación social y estrés ambiental, estos lugares pueden funcionar como catalizadores para la sanación, al ofrecer entornos seguros donde las comunidades puedan reconectarse. Mediante un diseño consciente y procesos participativos, las intervenciones en el espacio público pueden reconstruir la confianza, promover el bienestar mental y fomentar un renovado sentido de pertenencia en la comunidad.












