
El concepto de arquitectura de baja tecnología (o low-tech) reconoce el impacto de las tecnologías y prácticas de construcción con altas emisiones de carbono y propone una alternativa: el redescubrimiento de soluciones prácticas, racionales y adaptadas localmente que recurren a estrategias de diseño inteligente en lugar de dispositivos de alto consumo energético para garantizar un entorno habitable seguro y confortable. Lejos de ser un enfoque regresivo, el término permanece abierto a las innovaciones, pero busca equilibrar la dependencia de la industria respecto a la mecanización. En consecuencia, favorece una arquitectura con menos componentes, una menor dependencia de las soluciones de alta tecnología y una preferencia por materiales con bajo carbono incorporado.
En todo el mundo, diversos profesionales de la arquitectura están adoptando este concepto al reconocer su potencial social, ambiental y ético. Entre estas figuras, destacan dos profesionales por encarnar estos principios, aunque en contextos diferentes. A la par de su trabajo en proyectos de mayor envergadura y más convencionales, Shigeru Ban obtuvo reconocimiento internacional por sus esfuerzos humanitarios y de mitigación de catástrofes, colaborando con comunidades en crisis ante la escasez de recursos.




















