
Buildner concluyó recientemente su Iceland Ski Snow Cabin International Design Competition, una convocatoria que invitó a arquitectos/as y diseñadores/as a proyectar una cabaña de esquí acogedora y ecológica que se integrara armoniosamente con el imponente paisaje de Islandia. El certamen tuvo como objetivo desarrollar propuestas prácticas y sostenibles que ofrecieran un refugio para esquiadores/as, equipado con servicios esenciales como almacenamiento de equipos y un cálido espacio común. El desafío se situó en la región de Mývatn, una pintoresca zona al norte de Islandia, reconocida por sus imponentes maravillas naturales, entre las que destacan el lago Mývatn, los cráteres de Skútustaðagígar y la maravilla geotérmica de la caldera de Krafla.
Los/as participantes tuvieron la tarea de diseñar una cabaña de esquí que reflejara la esencia de los inviernos islandeses y la mística de la región de Mývatn, combinando el diseño contemporáneo con el rico patrimonio del país. El refugio debía ofrecer instalaciones esenciales como sanitarios, vestuarios, una estación de refrigerios de autoservicio y espacio de almacenamiento para el equipo de esquí. Asimismo, se requería un garaje con dimensiones suficientes para albergar una máquina pisanieves. Se esperaba que la propuesta fuera respetuosa con el medio ambiente, resiliente y confortable, integrándose de manera fluida con el entorno natural a la vez que enriqueciera la experiencia de los/as visitantes.
Se alentó a los/as concursantes a considerar la rentabilidad económica, la sostenibilidad y el potencial de escalabilidad futura, con un presupuesto ideal estimado entre 300.000 y 400.000 ISK (aproximadamente entre 2.000 y 2.600 EUR) por metro cuadrado. El emplazamiento, situado cerca del cráter Krafla y de una popular pista de esquí, presentaba una topografía llana con conexiones preexistentes de electricidad y agua fría, pero carecía de red de alcantarillado, lo que impulsó a los/as diseñadores/as a proponer soluciones innovadoras y sostenibles. El concurso representó una oportunidad única para crear un hito que pudiera convertirse en un símbolo de la arquitectura islandesa, capturando la belleza indómita de la región y el espíritu de la aurora boreal.
