
Parte de la concepción de la arquitectura —tal como se entiende desde la modernidad— pasa necesariamente por la permanencia. La construcción tectónica aspira a ser duradera, y son muchas las reflexiones articuladas a partir de esa durabilidad. ¿Qué significa, entonces, asociar la arquitectura con lo efímero? ¿Y qué ocurre cuando la propia idea de permanencia está ligada a lo transitorio? La ceremonia del Shikinen Sengu, en Japón, puede ayudar a responder estas preguntas.
Dentro del pensamiento arquitectónico hegemónico, el monumento quizás sea el primer ejemplo de permanencia en la ciudad. Representación de algo que se considera digno de memoria, el monumento es símbolo de esa intención de perennidad, pero no es el único. Sedes gubernamentales, tribunales y templos se proyectan como estructuras estables para reforzar ideales sólidos, atemporales. Evocan conceptos inmateriales, y la arquitectura pasa a actuar como una especie de envoltura o forma para esos conceptos. Lo interesante del Shikinen Sengu es la disociación entre la solidez constructiva y los conceptos vinculados a ella.








