
En los últimos años, el término “co-creación”, un concepto de moda en el sector de los negocios y la gestión empresarial, se ha abierto paso en el discurso de la arquitectura y el urbanismo. El término se utiliza para definir un concepto amplio que describe el trabajo intencionado con otros para crear algo de forma conjunta. Sin embargo, la arquitectura ya es el resultado de la colaboración entre múltiples actores: arquitectos y arquitectas, clientes, inversores, desarrolladores y la administración local, por nombrar algunos. ¿Puede este término aplicarse todavía a este campo? ¿Puede dar lugar a nuevas formas de conocimiento? ¿Y en qué se diferencia del concepto de diseño participativo?
El origen del término parece situarse en el sector empresarial, con algunas menciones a principios de la década de 1990 y su popularización en los años 2000, a partir del artículo de C.K. Prahalad y Venkatram Ramaswamy en la Harvard Business Review. El artículo describe un cambio de paradigma en el que la globalización y los avances tecnológicos desafían el rol tradicional de la persona experta. El nuevo mercado está empezando a comprender que el público consumidor se ha convertido en una nueva fuente de competencias, una fuente que se puede aprovechar para aumentar el valor del producto. Hoy en día, se está produciendo un cambio similar en el mundo del diseño.










