
La pizarra es una roca metamórfica formada a partir de la transformación de la arcilla bajo alta presión y temperatura. Sumamente homogénea y sobria, con tonalidades que varían entre el gris oscuro y el negro, su uso es muy valorado en pisos y techos, debido a su durabilidad y apariencia. En fachadas, la pizarra también funciona de manera excelente, al combinar la estética de la piedra natural —moldeada por la naturaleza durante más de 500 millones de años— con el confort térmico y la facilidad de instalación de las fachadas ventiladas.
Más allá de su función primordial de proteger contra la intemperie y garantizar la estanqueidad del edificio, combatir el calentamiento excesivo por el sol, evitar la pérdida de energía térmica y frenar el viento, entre otras, la fachada también refleja firmemente la personalidad de un proyecto. A través de una subestructura metálica instalada sobre los muros exteriores de la edificación, las fachadas ventiladas generan una separación física entre la piel y el cuerpo principal del edificio. El aire circula por este espacio intermedio, lo que proporciona una mayor capacidad de disipación de la radiación solar. Sus múltiples ventajas técnicas en términos de aislamiento térmico y acústico, sumadas a su adaptabilidad a cualquier tipo o dimensión de proyecto arquitectónico, las han convertido en un recurso cada vez más utilizado en todo tipo de edificios.
