"Lleno de gente y con vida una vez más": En conversación con el/la ganador/a del Gran Premio de los Premios Holcim, RIWAQ – Centro de Conservación Arquitectónica

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Qalandiya: el Laberinto Histórico Verde, desarrollado por RIWAQ – Centre for Architectural Conservation, ha sido galardonado con el Gran Premio en los Premios de la Fundación Holcim 2025, en reconocimiento a su enfoque sensible y profundamente contextual de la conservación del patrimonio en Palestina, tras ser seleccionado entre los 20 ganadores de la edición de este año. Ubicado en Qalandiya, al norte de Jerusalén, el proyecto reactiva el centro histórico de un pueblo largamente afectado por la fragmentación política, el abandono y la desconexión espacial. Mediante una estrategia de rehabilitación incremental, el proyecto restaura estructuras deterioradas utilizando saberes tradicionales, mampostería de piedra local y materiales autóctonos, transformando el tejido abandonado en espacios públicos activos, al tiempo que refuerza la resiliencia ambiental a través de estrategias climáticas pasivas e infraestructura basada en el paisaje.

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El jurado de los Premios de la Fundación Holcim reconoció el proyecto por su capacidad para operar dentro de condiciones sociales y políticas altamente complejas, manteniendo al mismo tiempo una visión arquitectónica y ambiental clara. Se hizo especial hincapié en el proceso participativo del proyecto, que involucró directamente a los/las residentes en la investigación, el diseño y la construcción, así como en su contribución a la generación y transmisión de conocimiento. En lugar de tratar el patrimonio como un objeto estático, se reconoció al proyecto por enmarcar la conservación como un proceso activo y en evolución que sostiene la vida cotidiana, la memoria colectiva y la gestión local.

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El centro histórico de Qalandiya. Imagen cortesía de RIWAQ – Centre for Architectural Conservation

Fundado en 1991, RIWAQ ha dedicado más de tres décadas a documentar, preservar y revitalizar el patrimonio arquitectónico palestino en Cisjordania y Gaza, con un enfoque particular en las zonas rurales y marginadas. En Qalandiya, esta misión a largo plazo se refleja en la estrecha colaboración con residentes, artesanos/as e instituciones locales, generando más de 13,800 jornadas de trabajo artesanal y estableciendo un modelo económico que reinvierte los ingresos de los espacios restaurados en el mantenimiento y la vida comunitaria. En la siguiente entrevista, Aya Tahhan, de RIWAQ, analiza cómo el proyecto equilibra las distintas capas históricas con las necesidades actuales, y cómo la arquitectura puede actuar como una herramienta para reconectar comunidades fragmentadas y sostener la memoria colectiva.

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Interior de uno de los edificios históricos restaurados en Qalandiya. Imagen cortesía de RIWAQ – Centre for Architectural Conservation

ArchDaily: RIWAQ lleva más de tres décadas trabajando en la documentación, preservación y recuperación del patrimonio palestino. ¿Cómo refleja el Laberinto Histórico Verde de Qalandiya esta misión a largo plazo y qué significa recibir el Premio Holcim para el proyecto y sus comunidades?

Aya Tahhan: Como mencionas, Riwaq lleva mucho tiempo trabajando para salvaguardar el patrimonio cultural en Palestina, pero el proyecto de Qalandiya nos resulta muy cercano, ya que forma parte del proyecto de la agrupación rural de Jerusalén. Comenzó en 2017, cuando fuimos en equipo a visitar diferentes centros históricos en el área rural de Jerusalén. Desafortunadamente, estas zonas marginadas han quedado totalmente aisladas de la ciudad de Jerusalén tras la construcción del muro de separación. Están muy marginadas y la gente, por así decirlo, perdió su conexión con la propia ciudad, pero también se separó entre sí como comunidades. De este modo, los propios pueblos perdieron ese vínculo, al igual que la conexión con sus centros históricos.

Así que, cuando fuimos a Qalandiya, y también a otras partes, las encontramos bajo los escombros. Recuerdo nuestro primer recorrido en Qalandiya: en realidad caminábamos sobre los techos de los edificios sin saber qué había debajo. La gente había perdido el vínculo con sus centros históricos y los había dejado abandonados desde los años setenta u ochenta.

Por lo tanto, era importante desarrollar un proyecto no solo en Qalandiya, sino también en el área rural de Jerusalén. Asimismo, resultaba fundamental trabajar no solo en el aspecto físico, sino también de la mano con la propia comunidad. Así, nos enorgullece estar trabajando también en Al Jib, Bir Nabala, Jaba y Kafr Aqab. Actualmente, todas estas comunidades están conectadas de alguna manera, y hemos construido una red entre ellas.

En cualquier iniciativa que organizamos, ya sean actividades, proyectos de investigación o propuestas culturales, tendemos a reunir a las personas para que colaboren. De hecho, ahora podemos verlo: las propias comunidades se conocen entre sí, ubican a las personas clave de cada pueblo y ya trabajan juntas sin nuestra intervención. Esto es lo más valioso: que el proyecto es verdaderamente sostenible y que colaboran de manera autónoma, porque eventualmente nuestro trabajo terminará y dependerá de ellas continuar.

Este es, sin duda, el aspecto más destacado de nuestra labor en el área rural de Jerusalén. Trabajamos con el patrimonio cultural y también en la restauración física de los edificios; esos maravillosos y hermosos centros históricos que ahora logran atraer de nuevo a la gente. Ahora se realizan actividades culturales y comunitarias en estos centros históricos. Hay quienes usan los callejones como áreas de juego y aprovechan los espacios públicos del lugar. En definitiva, nuestra visión final es que estos espacios cobren vida y sean rehabilitados.

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Espacio reutilizado de forma adaptativa en Qalandiya. Imagen cortesía de RIWAQ – Centre for Architectural Conservation

AD: ¿Cómo logran equilibrar las profundas capas históricas de un lugar como Qalandiya con las urgentes necesidades sociales, económicas y espaciales de sus residentes actuales?

AT: Es un trabajo que se realiza en paralelo. Por ejemplo, cuando empezamos en Qalandiya, planteamos un proyecto de uno o dos años solo para descubrir qué había debajo de todos los escombros. De este modo, descubrimos que los edificios históricos que conocíamos no representaban la cantidad real que existía sobre el terreno. Al principio pensábamos que eran 20 edificaciones, pero luego descubrimos que había 35. Además, encontramos callejones, espacios públicos y elementos que desconocíamos por completo. Así que fue un proyecto sumamente importante solo para explorar lo que yacía debajo.

Posteriormente, al trabajar con la comunidad y analizar sus necesidades, les preguntamos si querían volver a usar sus espacios o si deseaban habitar de nuevo los edificios históricos. Descubrimos que querían que los edificios históricos se restauraran, pero no para volver a vivir en ellos, ya que cada familia ya tenía su propia casa. Lo que deseaban era verlos recuperados, llenos de gente y con vida una vez más.

Por ello, establecimos dos sedes comunitarias en Qalandiya. Una de ellas es el Centro de Jóvenes; restauramos un edificio y ahora está bajo su gestión. La otra es la Asociación de Mujeres, que cuenta con su propio patio. Estos dos espacios sirven, por supuesto, tanto a los habitantes de Qalandiya como a quienes nos visitan de otros lugares.

En cuanto a otros sitios, los restauramos y los destinamos al arrendamiento. De este modo, artistas, emprendedores/as o diferentes instituciones que deseen establecer una sede pueden hacerlo allí, integrándose a la comunidad de Qalandiya. Lo interesante es que esto atrae a un público nuevo, ya que Qalandiya no se limita a su propia población local —que es relativamente pequeña—, sino que también involucra a los pueblos aledaños del norte y noroeste de Jerusalén, e incluso a Ramallah, que está muy cerca.

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Evento con niños en Qalandiya. Imagen cortesía de RIWAQ – Centre for Architectural Conservation

AD: Claramente, las comunidades con las que trabajan abarcan una gran diversidad de edades. ¿Cómo perciben la diferencia entre las generaciones mayores y las más jóvenes en lo que respecta a la revitalización de estos espacios?

AT: Las generaciones mayores guardan recuerdos muy íntimos vinculados a los edificios históricos: cómo se usaban, dónde se ubicaban las cosas, por ejemplo, dónde se guardaba el ganado o dónde se celebraban las bodas. Conservan todas estas vivencias, y restaurar los edificios permite, de una forma u otra, recuperar esos recuerdos.

Sin embargo, para las generaciones más jóvenes, esa conexión con el centro histórico se había perdido, por lo que es necesario reconstruirla. Con este fin, organizamos numerosas actividades de base comunitaria, no solo para niños y niñas, sino también para personas adultas y de la tercera edad. La mayoría son actividades culturales que narran la historia del espacio y del lugar, centrándose al mismo tiempo en el patrimonio cultural en un sentido más amplio. Considero que es fundamental volver a tejer este vínculo.

Volviendo a Qalandiya y sus diferentes capas: como mencioné, nuestro trabajo allí se ha centrado principalmente en el tejido construido de finales del período otomano. No obstante, en los últimos dos años descubrimos otra dimensión de Qalandiya que desconocíamos previamente: una capa arqueológica. Se llevaron a cabo dos proyectos de excavación arqueológica, liderados por especialistas de Palestina, y sacamos a la luz un estrato que incluye una iglesia bizantina o posiblemente helenística. Es un templo de grandes dimensiones. Por ello, nos resulta sumamente interesante y emocionante explorar estas capas y volver a redactar la narrativa histórica. No se trata solo de la capa final que vemos hoy y del vínculo de la comunidad de Qalandiya con Jerusalén y los pueblos vecinos, sino también de los estratos más antiguos. Ahora sabemos que Qalandiya ha estado habitada ininterrumpidamente desde el período helenístico hasta la actualidad. Esto es sumamente importante para la narrativa palestina, ya que demuestra la permanencia de la población a lo largo del tiempo.

Hoy contamos con evidencia tangible, no solo a partir de las excavaciones y los restos de piedra, sino también por la cerámica, los mosaicos y otros hallazgos. Por lo tanto, es fundamental explorar y presentar estos descubrimientos. Nos sentimos muy orgullosos/as de formar parte de esta labor, contribuyendo a la construcción de una narrativa palestina que sirva de contranarrativa frente a la versión israelí.

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Excavación arqueológica. Imagen cortesía de RIWAQ – Centre for Architectural Conservation

AD: En términos de documentación, no les fue posible recuperar información de sitios arqueológicos antiguos preexistentes. ¿Cómo fue el proceso de documentación? 

AT: Lamentablemente, no disponemos de muchos documentos que hablen de Qalandiya. Cada vez que iniciamos proyectos en centros históricos, siempre realizamos investigaciones arqueológicas o documentales sobre lo que se ha escrito de los pueblos. En el caso de Qalandiya, la mayor parte de la información que hallamos se centraba en el aeropuerto; por ejemplo, en su construcción durante el Mandato Británico.

Encontramos fragmentos de cartas escritas por habitantes de Qalandiya en las que mencionaban haber descubierto restos arqueológicos en un lugar específico. Estas cartas estaban dirigidas a las autoridades arqueológicas británicas de la época —no recuerdo el nombre exacto de la institución—. Sin embargo, no había mucha información que ayudara a armar las piezas del rompecabezas.

En efecto, encontramos referencias muy antiguas sobre Qalandiya, pero no se referían al centro histórico propiamente dicho, sino a una zona de amortiguamiento a su alrededor, ya que Qalandiya fue inicialmente una finca agrícola utilizada por los romanos y no se ubicaba en el casco histórico. Más tarde, durante los períodos helenístico y de las Cruzadas, el asentamiento se trasladó al centro y se expandió paulatinamente. Así que, como bien dices, es como reconstruir un rompecabezas.

AD: ¿And how big is the team? 

AT: Somos unas 13 personas; la mayoría somos arquitectos/as. Uno de nosotros es ingeniero civil y, por supuesto, contamos con el área administrativa. En total, somos cerca de 15 personas. Palestinos/as. Todos/as palestinos/as, sí.

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Sendero arqueológico. Imagen cortesía de RIWAQ – Centre for Architectural Conservation

AD: La infraestructura verde desempeña un papel central en su trabajo. ¿De qué manera los paisajes cultivados, los materiales nativos y los jardines tradicionales pueden ayudar a recuperar el territorio, restaurar la continuidad y sostener la vida comunitaria en territorios fragmentados?

AT: Bueno, forma parte de nuestra narrativa volver a emplear los mismos materiales antiguos que usaban nuestros ancestros, no solo por una cuestión discursiva, sino porque era lo que mejor conocían. Sabían con precisión qué materiales utilizar, y su método era mucho más respetuoso con el medio ambiente que la forma en que construimos hoy en día.

Por ello, al seleccionar los materiales, recurrimos a piedras de la misma zona. Reutilizamos piedras de edificios demolidos que habían quedado abandonados e incluso empleamos los mismos componentes para los revoques, el rejuntado de juntas y demás trabajos. Solo aplicamos materiales nuevos en los acabados, pero en su mayoría utilizamos lo mismo que usaban nuestros abuelos.

Esto es sumamente importante porque, en el caso de las construcciones históricas, es preferible restaurarlas con estos elementos en lugar de usar materiales modernos. Los nuevos materiales, como el hormigón, asfixian el edificio. De un modo u otro, impiden que la estructura respire. Al no ser transpirables, dañan la edificación histórica. En cambio, cuando aplicamos los métodos tradicionales de mantenimiento, los edificios conservan su transpirabilidad natural. Al ingresar en ellos se puede percibir: en invierno son muy cálidos por dentro y en verano resultan sumamente frescos.

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Render de Qalandiya. Imagen cortesía de RIWAQ – Centre for Architectural Conservation

De esta manera, a través de este proceso, estamos reivindicando nuestra historia. También generamos conciencia y realizamos talleres de capacitación para la comunidad y para cualquier persona interesada, en especial para quienes poseen sus propios edificios históricos y desean darles mantenimiento. Les brindamos las herramientas necesarias.

Asimismo, al desarrollar nuestros proyectos, solicitamos a los contratistas que entre el 70% y el 75% de los trabajadores provengan de la propia comunidad o de las zonas aledañas. De este modo, no solo aprenden las técnicas y el uso de materiales tradicionales, sino que también se generan fuentes de empleo. Se convierte en su oficio y puede llegar a ser su profesión. Se trata, verdaderamente, de un nivel de intervención diferente.

AD: Su proyecto desafía la fragmentación impuesta por la ocupación al reconectar los pueblos rurales como un único núcleo cultural. En su opinión, ¿hasta qué punto puede la arquitectura ayudar a reconstruir los lazos y las relaciones espaciales que la política suele romper?

AT: En el caso de Qalandiya, y también de los otros pueblos de la zona de Jerusalén, la desconexión y fragmentación entre las localidades y de estas con Jerusalén es evidente. Por ejemplo, al visitar Al-Ram, se puede observar cómo el muro de separación divide el pueblo. En Beit Hanina, otra de las comunidades donde trabajamos, la localidad está partida a la mitad: una parte queda fuera del muro, es decir, en Cisjordania, mientras que la otra está en Jerusalén, sin que exista comunicación directa entre ambas.

Las personas que vivían en Beit Hanina y necesitan conservar su documento de identidad de Jerusalén ya no pueden permanecer allí. Por eso, al ir a Beit Hanina, Al-Ram y otros lugares, se percibe una atmósfera de pueblo fantasma, porque la gente no puede quedarse de forma permanente. Solo van y vienen durante las festividades; fuera de eso, son sitios sumamente silenciosos. Es algo que se puede ver sobre el terreno y que también se siente profundamente.

A pesar de ello, es fundamental unir a estas comunidades. Resulta vital reconectarlas y mostrarles cómo existía este vínculo en el pasado. Las generaciones más jóvenes aún no lo saben, pues nacieron viendo el muro y no vivieron la realidad anterior. Incluso en mi caso, que crecí literalmente aquí y sé cómo era antes, uno se acostumbra de cierta forma y deja de percibir cómo solían ser las cosas. 

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Paisaje de Qalandiya. Imagen cortesía de RIWAQ – Centre for Architectural Conservation
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Paisaje de Qalandiya. Imagen cortesía de RIWAQ – Centre for Architectural Conservation

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Sobre este autor/a
Cita: Dogan, Reyyan. ""Lleno de gente y con vida una vez más": En conversación con el/la ganador/a del Gran Premio de los Premios Holcim, RIWAQ – Centro de Conservación Arquitectónica" ["Full of People and Alive Once Again": In Conversation With Holcim Award Grand Prize Winner RIWAQ – Centre for Architectural Conservation] 07 jul 2026. ArchDaily en Español. Accedido el . <https://www.archdaily.cl/es/1054814/lleno-de-gente-y-con-vida-una-vez-mas-en-conversacion-con-el-la-ganador-a-del-gran-premio-de-los-premios-holcim-riwaq-centro-de-conservacion-arquitectonica> ISSN 0719-8914

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