
Si bien la escultura permaneció como eje central de su práctica artística, los intereses y la producción de Isamu Noguchi (1904–1988) abarcaron un terreno excepcionalmente amplio que incluía mobiliario y lámparas, escenografías para danza, plazas, patios y jardines. Noguchi no hacía distinción entre diseño, artesanía y las llamadas bellas artes: a su juicio, todas ellas podían considerarse arte siempre que sus cualidades estéticas trascendieran lo suficiente aquellas generadas por la simple satisfacción de una necesidad.
Aunque sus jardines incluyen varios de los diseños paisajísticos más icónicos del siglo XX y han recibido elogios casi universales, Noguchi ocupa, no obstante, un lugar alejado de la práctica convencional de la arquitectura del paisaje. Como artista, se basaba más en la intuición —reforzada por un estudio enfocado cuando era necesario— que en el análisis objetivo, y moldeaba sus paisajes como esculturas, utilizando el espacio como su vehículo principal. Para Noguchi, el diseño paisajístico era un arte espacial y formal; desde sus primeros proyectos ambientales hasta las obras de su madurez, logró concebir y construir una serie de lugares extraordinarios.






